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Vida y nutrición con herbalife….

By | 26 julio, 2018

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Alimentación y el Sedentarismo en el Sobrepeso

La obesidad constituye uno de los problemas médicos y de salud pública más importantes de nuestros tiempos”. Philip James, Presidente del International Obesity Task Force (Grupo Internacional de Especialistas en Obesidad) .

El ser humano primitivo, perteneciente al género Homo, apareció en el planeta hace unos dos millones de años, mientras que el primer ser humano moderno, el Homo sapiens sapiens, emergió hace unos 40.000 años. Durante más del 95% de su estancia en el planeta, el ser humano ha vivido exclusivamente como cazador-recolector.
A lo largo su largo periplo por el planeta han acaecido dos eventos determinantes en la evolución del estilo de vida del ser humano, especialmente desde el punto de vista nutricional. En primer lugar, se produjo la revolución neolítica hace unos 10.000-12.000 años, cuando el hombre empezó a dejar la vida nómada de cazador-recolector para adoptar la sedentaria de agricultor. Esta transformación de la actividad humana podría considerarse el acontecimiento más importante de la historia del ser humano, ya que le permitió cultivar su alimento y aumentar el número de individuos permitiendo el desarrollo de sociedades complejas y de la civilización en su conjunto.
Hace tan sólo 200 años acaeció otro evento de singular importancia para el ser humano, la revolución industrial que, a partir de su implantación en los diferentes países, empezó a cambiar radicalmente la alimentación de las poblaciones humanas, con la introducción de cantidades considerables de alimentos refinados (cereales, azúcar, sal, café, aceite, etc.). En esta última etapa, muy breve tanto genética como antropológicamente, se han producido más cambios en la composición de la dieta que en los dos millones de años de historia del ser humano.
Consideremos también el hecho de que, a lo largo de su historia, la escasez de alimentos ha sido algo muy común y prácticamente inevitable en los grupos humanos. En una muestra de 115 sociedades preindustriales, un 71% de éstas sufrían hambrunas por lo menos una vez cada 2-3 años o incluso anualmente. Como consecuencia de la frecuencia de la escasez de alimentos, el ser humano desarrolló mecanismos para ahorrar energía, sintetizando y almacenando grasa. Los individuos con mejor predisposición genética para almacenar calorías eficazmente en épocas de exceso tuvieron más posibilidades de sobrevivir en periodos de escasez , ; en otras palabras, parece ser que los mecanismos corporales que impulsaban la búsqueda de alimentos eran más fuertes que los mecanismos que restringían la ingesta calórica (hecho que, sin duda alguna, sigue siendo así), lo cual era especialmente cierto en el caso de las mujeres que en fase de gestación o lactancia tenían que velar no solamente por su propia supervivencia, sino por la de sus niños.
En este contexto, es preciso tener en cuenta una consideración importante. A lo largo de la evolución del ser humano, deben haber aparecido muchos individuos con una predisposición genética a desarrollar la obesidad; sin embargo, y con toda probabilidad, el ser humano nunca llegó a desarrollarla hasta hace unos pocos cientos de años, por la simple razón de que no había una superproducción continua de alimentos, como sucede hoy en día.
Y es más, debido a la extremada infrecuencia de la obesidad en el ser humano preindustrial, tampoco se ha desarrollado una respuesta genética que evite la tendencia a esta condición.
De ahí se deduce que el aumento espectacular de los casos de sobrepeso y de obesidad en las últimas generaciones por todo el planeta sea la causa de una adaptación genética deficiente del ser humano a un nuevo entorno.
El exceso de grasa corporal se ha convertido en el problema nutricional más importante de los países desarrollados . Es significativo el hecho de que la obesidad no se dé en las poblaciones de cazadores-recolectores tradicionales que no han adoptado las costumbres de la modernidad; además, muchas de estas culturas ni siquiera tienen palabras para definir la obesidad en su lengua. No obstante, las estadísticas sobre la incidencia de este trastorno en dichas poblaciones se disparan espectacularmente cuando se modernizan u occidentalizan sus sociedades. Parece ser que el cambio de dieta es el factor principal vinculante entre la modernización y el desarrollo de la obesidad – la primera de las denominadas “enfermedades de la civilización” en aparecer en las sociedades tradicionales en vías de adoptar costumbres modernas – cambio que implica una disminución del consumo de fibra y un aumento del consumo de grasa y de azúcar refinado.
Respecto a Europa, algunos autores han sugerido que la obesidad se extendió primero entre las clases pudientes y luego al resto de la sociedad hace tan sólo unos 200 años, coincidiendo con el desarrollo de la revolución industrial.

Las dietas tradicionales, basadas en su mayor parte en alimentos de origen vegetal (cereales integrales, fruta, verduras de hoja, raíces y tubérculos, legumbres, frutos oleaginosos) de baja densidad calórica, poco manipulados y ricos en fibra, minerales, ácidos grasos esenciales y muchos otros nutrientes y sustancias fitoquímicas , elementos que pueden protegernos contra las enfermedades degenerativas , se han visto reemplazadas, en un periodo muy corto de tiempo, por una dieta industrial y manipulada de alta densidad energética que incluye alimentos de elevado contenido en grasa total y grasas saturadas (carnes, lácteos, aceites refinados, etc.), azúcares refinados (bollería y pastelería, chucherías, refrescos, etc.), sal (tentempiés, embutidos, sopas, pizzas, etc.) y cereales refinados (pan blanco en barra y de molde, arroz blanco, galletas, espaguetis, etc.) .
La actividad física y una alimentación adecuada (y tradicional) hacen que los pobladores de los países no industrializados tiendan a mantenerse delgados a lo largo de su vida, incluso cuando tienen suficientes alimentos para satisfacer el hambre. Hugh Trowell, eminente médico e investigador que vivió y trabajó muchos años en África Oriental, estudió la relación entre lo que él denominó las enfermedades de Occidente (caries, hipertensión, cáncer del colon, enfermedades del corazón, etc.) y los cambios de dieta en las poblaciones negras de África. Trowell llegó a la conclusión de que la obesidad sólo se convierte en un problema común cuando se introducen en la dieta alimentos de elevada densidad energética y muy bajos en fibra, es decir, alimentos ricos en grasas y azúcar refinado.

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