Relacion entre mente sana cuerpo sano

 

Relacion entre mente sana cuerpo sano

La medicina comercial actual, apenas sabe nada sobre el origen de las enfermedades. Como mucho, sabe disfrazar los síntomas, y en algunos casos paliar sus consecuencias, pero apenas es capaz de curar definitivamente una enfermedad. Y esto es porque todos se fijan en las consecuencias, y casi nadie en los motivos, en las causas. Además, el origen de las causas no siempre está en algo fisiológico; la mayoría de las veces obedece a un origen psíquico que, a su vez, ha sido creado por un suceso acaecido en el alma, en el espíritu.

De ahí que los antiguos, muy sabios ellos, ya decían aquello de “Orandum est ut sit mens sāna in corpore sānō”, lo que traducido vendría a decir: “Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano”.

Pues bien, a pesar de que el significado más aceptado sea el de “mente sana en cuerpo sano”, la verdad es que su significado va mucho más allá del hecho de tener que practicar deporte o hacer ejercicio para mantener el cuerpo físico en forma.

Las enfermedades mentales no pueden ser asociadas en ningún caso al aspecto físico, como tampoco debe serlo la enfermedad física a la capacidad mental. Algo a lo que muchos “profesionales” de la medicina hacen caso omiso. Según estos “profesionales”, un individuo con un buen aspecto físico, no tiene porqué padecer una enfermedad mental. Lástima que, en la mayoría de los casos en los que se les demuestra su grave error, el enfermo mental acaba muriendo, en la mayoría de los casos, suicidándose. Pero ¡ah! ¡El “profesional” médico no tiene la culpa! Además el suicida tenía un aspecto físico estupendo (alega el “profesional”).

Hay que reconocer que, en estos casos, el tratamiento es muy difícil de llevar a cabo, pues no existe ninguna medicina que cure el alma.

No vamos a recontar los miles de casos de personas con trastornos mentales depresivos o de otra índole que han acabado suicidándose. Bastaría con echar una ojeada a las hemerotecas de los últimos meses. Pero sí vamos (cuando hablo en plural, es porque hablamos mi alter ego y yo juntos) a decir lo siguiente: Esos “profesionales” médicos, ni son profesionales, ni son médicos; por mucho título universitario que posean. Son simples mandatarios del Sistema, comisionistas, encargados de eliminar la mayor cantidad de gente posible, de evitar la mayor cantidad de gasto posible a las arcas del Estado, en beneficio de los corruptos y corruptibles.

El día que la medicina empiece a entender cómo funciona el alma, habrá dado un gran paso para la Ciencia, y hasta es posible que consiga curar alguna enfermedad mental.

Durante la pasada década, tras numerosos estudios realizados con animales y personas, se ha comprobado que el ejercicio físico mejora la capacidad de aprender y recordar. El mens sana in corpore sano de toda la vida, vaya, pero con pruebas científicas. No obstante, los detalles específicos de esta relación entre cuerpo y mente se mantenían en una nebulosa que nadie había conseguido descifrar. ¿Es bueno el ejercicio previo o posterior a la concentración mental? ¿Durante cuánto tiempo debemos ejercitarnos? ¿Se trata de una actividad intensa o relajada? Las anheladas respuestas a esas preguntas (“por favor, por favor, que sea beneficioso un ejercicio físico relajado y breve…”) ya están aquí.

Dos nuevos estudios han abordado estas cuestiones. Ambos concluyen que la duración y la intensidad de cada actividad pueden, sin lugar a dudas, afectar a nuestra capacidad cognitiva, aunque no necesariamente de manera beneficiosa (hay esperanza para los más vagos).

Los estudios

El primero y más ambicioso se publicó en mayo en PLoS One. En primer lugar, se reunió a 81 mujeres jóvenes y sanas cuya lengua materna era el alemán y, aleatoriamente, se las dividió en tres grupos. Cada uno de estos grupos llevaba cascos y escuchó durante 30 minutos listas de pares de palabras: un nombre común alemán y su equivalente polaco. Las mujeres debían memorizar la palabra que desconocían.

Sin embargo, las circunstancias de la escucha variaban según los grupos. El primero realizó la escucha tras haber estado sentado tranquilamente durante 30 minutos. El segundo había montado en una bicicleta a ritmo apacible durante 30 minutos y después se sentó y se puso los auriculares. El tercer grupo montó en la misma bicicleta durante el mismo tiempo a un ritmo intenso y escuchó las palabras mientras realizaba el ejercicio.

Las conclusiones

Maren Schmidt-Kassow es profesora en el Instituto de Psicología Médica en la Universidad Goethe de Frankfurt y dirigió el primero de los estudios (el de las bicicletas), donde el ejercicio durante el aprendizaje resultaba tremendamente efectivo. Como afirma la profesora, el efecto beneficioso probablemente responde a la suavidad del ejercicio. “Una actividad suave en intensidad implicará niveles de excitación psicológica bajos pero notables, lo que ayudará a preparar al cerebro para la entrada de nueva información, y para la codificación de dicha información en recuerdos”, dice Schmidt-Kassow.

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