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100% salud a lo natural

By | 1 agosto, 2018

100% salud a lo natural

Si le dijese que las llamadas “enfermedades de la civilización” (como son la diabetes, la obesidad, el síndrome metabólico, el asma o las enfermedades autoinmunes, entre otras) pueden estar relacionadas con problemas intestinales… ¿me creería?
Pues es absolutamente cierto. Y también hablamos de otras como el estrés y la depresión, la esclerosis múltiple, algunos tipos de cáncer…
Cuando el intestino no cumple correctamente con su misión defensiva, las bacterias patógenas y las toxinas se “cuelan” por sus paredes y llegan al torrente sanguíneo, ocasionando algunas de las enfermedades más incapacitantes que existen en la actualidad.
Es lo que se conoce como hiperpermeabilidad intestinal, y es una de las consecuencias de un desequilibrio en la flora intestinal (o microbiota). Pero hay muchas más, y de similar gravedad.
Hoy quiero hablarle de todas las enfermedades asociadas a un mal estado de la microbiota y del papel que ésta desempeña en su salud. Y es que es tan esencial que, si tiene intención de vivir muchos años y con buena calidad de vida, es imprescindible que la cuide como se merece.
Para ello voy a darle algunas pistas para proteger y enriquecer su microbiota (encontrará información más detallada en un extenso artículo en el próximo número de Plantas & Bienestar) y le recomiendo que las ponga en práctica cuanto antes. Si usted tiene una mala composición o un desequilibrio de su flora intestinal aún está a tiempo de salvar su intestino.
Veamos cómo.

La microbiota, el último órgano en llegar

Conocida hasta hace unos años como flora intestinal, cada día hay nuevas averiguaciones que acrecientan la relevancia de la microbiota en la salud del organismo. Gracias a las investigaciones científicas, hoy sabemos que la microbiota:
  • Está formada por cien mil billones de microorganismos (entre bacterias, virus y hongos) que cada persona porta en su intestino.
  • Tiene un papel decisivo en el sistema inmunológico, actuando como barrera ante la colonización de bacterias dañinas y estimulando las células de defensa.
  • Produce ácidos grasos de cadena corta que nutren los tejidos y participa en la fermentación de los residuos no digeridos, especialmente las fibras.
  • Cuenta además con varios cientos de millones de neuronas y otras tantas células gliales que las rodean y nutren, lo que la convierte en un segundo cerebro.
Por estos y otros muchos beneficios para el organismo, hoy la microbiota se considera un órgano esencial por derecho propio.
Hasta aquí, todos son elogios.
Sin embargo, a pesar de que esta biomasa que recubre la mucosa intestinal es relativamente estable a lo largo de toda la vida, existen ciertos factores que la agreden y la hacen más vulnerable.
Así, son capaces de alterar su complejo equilibrio bacteriano los medicamentos, el consumo crónico de alcohol, la toma de antibióticos, ciertas intolerancias alimentarias (como por ejemplo al gluten o a la lactosa), los enemigos “invisibles” como el estrés y la ansiedad y, aunque pueda parecer raro, una higiene excesiva.
Este desequilibrio se conoce como disbiosis. Y significa una cosa: problemas.
Los efectos de la disbiosis en el organismo son muchos y van desde trastornos más leves, como distensión abdominal, náuseas y vómitos, hasta un rosario de enfermedades más graves, como por ejemplo:
  • El síndrome del intestino irritable (SII), que afecta al 15% de la población en general y provoca alteraciones en el tránsito y la defecación de tipo nervioso muy molestas e incapacitantes. Y no sólo le hablo de salir incómodo a la calle por el temor de tener que ir súbitamente al baño, sino también de un debilitamiento del sistema inmunitario y de la resistencia de enfermedades virales y bacterianas.
  • Las enfermedades intestinales inflamatorias crónicas (EII), que causan inflamación con lesiones en el sistema digestivo acompañada de dolor abdominal, diarrea crónica con presencia de sangre, vómitos, fatiga, pérdida de peso pronunciada… Entre ellas destacan la rectocolitis hemorrágica y la enfermedad de Crohn, que se caracterizan por sus constantes recaídas seguidas de remisiones de duración variable.
  • Trastornos funcionales digestivos como la hipermotilidad del sigma (una parte del colon interpuesta entre el colon descendente y el recto), que aumenta la velocidad del tránsito intestinal de forma súbita, casi siempre asociada al estrés.
  • Y sin olvidar la propia hiperpermeabilidad intestinal, que produce peligrosas filtraciones tóxicas al torrente sanguíneo, como le explique al principio del texto.
Si usted no toma las medidas oportunas, la alteración de la microbiota puede conllevar un alto riesgo para su salud, por lo que debe corregirla cuanto antes. Y, de la misma manera, una flora intestinal en buenas condiciones, variada y equilibrada le garantiza una mayor longevidad.
Así que póngase manos a la obra y comience a prestar a su microbiota toda la atención que se merece. En el número de septiembre de Plantas & Bienestar encontrará todas las claves para hacerlo de una forma natural, eficaz y segura. Le voy a dar un adelanto.

 

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